viernes, 10 de abril de 2009

HOJAS DE HIERBA (FRAGMENTO).- W. WHITMAN


"Creo que una brizna de hierba no es inferior a la jornada de los astros y que la hormiga no es menos perfecta ni lo es un grano de arena... y que el escuerzo es una obra de arte para los gustos más exigentes... y que la articulación más pequeña de mi mano es un escarnio para todas las máquinas. Quédate conmigo este día y esta noche y poseerás el origen de todos los poemas. Creo en ti alma mía, el otro que soy no debe humillarse ante ti ni tú debes humillarte ante el otro. Retoza conmigo sobre la hierba, quita el freno de tu garganta. (...) Creo que podría retornar y vivir con los animales, son tan plácidos y autónomos. Me detengo y los observo largamente. Ellos no se impacientan, ni se lamentan de su situación. No lloran sus pecados en la oscuridad del cuarto. No me fastidian con sus discusiones sobre sus deberes hacia Dios. Ninguno está descontento. Ninguno padece la manía de poseer objetos. Ninguno se arrodilla ante otro ni ante los antepasados que vivieron hace milenios. Ninguno es respetable o desdichado en toda la faz de la tierra. Así me muestran su relación conmigo y yo la acepto. (...) No pregunto quién eres, eso carece de importancia para mí. No puedes hacer ni ser más que aquello que yo te inculco. " Y tú, mar... También a ti me entrego. Adivino lo que quieres decirme, Desde la playa veo tus dedos que me invitan, Y pienso que no quieres marcharte sin haberme besado. Debemos estar un rato juntos: me desnudo y me llevas muy lejos de la costa, Arrúllame y durmiendo al vaivén de tus olas, Salpícame de espuma enamorada, que yo sabré pagarte. Mar violento, tenaz y embravecido, Mar de respiros profundos y revueltos, Mar de la sal de la vida, de sepulcros dispuestos aunque no estén cavados, Rugiente mar que, a capricho, generas tempestades o calmas, También soy como tú: con uno y muchos rostros Partícipe del flujo y del reflujo, cantor soy de los odios y de la dulce paz, Cantor de los amantes que duermen abrazados También doy testimonio del amor a mis prójimos: ¿Haré sólo inventario de todos mis objetos olvidando la casa que los tiene y cobija? No soy sólo el poeta de la bondad, acepto también serlo de lo inicuo y lo malvado, ¿Qué son esos discursos que nos cuentan de vicios y virtudes? El mal me sugestiona, y lo mismo la reforma del mal, mas sigo imperturbable. ¿Soy un inquisidor, un hombre que desprecia cuanto encuentra a su paso? No soy más que aquel hombre que riega las raíces de todo lo que crece. ¿Te temes que la terca preñez sólo engendre tumores? ¿Pensabas que las leyes que rigen a los astros admiten ser cambiadas? Encuentro el equilibrio en un lado lo mismo que en su opuesto. Las doctrinas flexibles nos ayudan lo mismo que ayudan las más firmes, Las ideas y acciones del presente nos despiertan y mueven, Ningún tiempo es más bueno para mí que este ahora que me viene a lo largo de millones de siglos. No hay nada de asombroso en las acciones buenas de antes o de ahora, Lo asombroso es que siempre existan los malvados o los hombres sin fe. Se borran el pasado y el presente, pues ya los he colmado y vaciado, Ahora me dispongo a cumplir mi papel en el futuro. Tú, que me escuchas allá arriba: ¿Qué tienes que decirme? Mírame de frente mientras siento el olor de la tarde, (Háblame con franqueza, no te oyen y sólo estaré contigo unos momentos.) ¿Que yo me contradigo? Pues sí, me contradigo. Y, ¿qué? (Yo soy inmenso, contengo multitudes.) Me dirijo a quienes tengo cerca y aguardo en el umbral: ¿Quién ha acabado su trabajo del día? ¿Quién terminó su cena? ¿Quién desea venirse a caminar conmigo? Os vais a hablar después que me haya ido, cuando ya sea muy tarde para todo? Ya he dicho que el alma no vale más que el cuerpo, Y he dicho que el cuerpo no vale más que el alma, Y que nada, ni Dios, es más grande para uno que uno mismo, Que aquel que camina sin amor una legua siquiera, camina amortajado hacia su propio funeral, Que tú o yo, sin tener un centavo, podemos adquirir lo mejor de este mundo, Que el mirar de unos ojos o el guisante en su vaina confunden el saber que los tiempos alcanzan, Que no hay oficio ni profesión tan bajos que el joven que los siga no pueda ser un héroe, Que el objeto más frágil puede servir de eje a todo el universo, Y digo al hombre o mujer que me escucha: "Que se eleve tu alma tranquila y sosegada ante un millón de mundos." Y digo a la humanidad: "No te inquietes por Dios, Porque yo, que todo lo interrogo, no dirijo mis preguntas a Dios, (No hay palabras capaces de expresar mi postura tranquila ante Dios y la muerte.) Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no le comprendo, Ni entiendo que haya nada en el mundo que supere a mi yo. ¿Por qué he de desear ver a Dios mejor de lo que ahora le veo? Veo algo de Dios cada una de las horas del día, y cada minuto que contiene esas horas, En el rostro de los hombres y mujeres, en mi rostro que refleja el espejo, veo a Dios, Encuentro cartas de Dios por las calles, todas ellas firmadas con su nombre, Y las dejo en su sitio, pues sé que donde vaya Llegarán otras cartas con igual prontitud.

CARTA A UN AMIGO.- ALBERT CALSAMIGIA


Me temo que mi mail tenía un tono pesimista o fue interpretado como tal. Lamento que te haya producido preocupación, no era mi intención. No estoy deprimido, aunque algún día puede salir alguna dosis de depresión, y en este caso también estaría justificado. ¿Por qué no? Tranquilízate… mi salud sigue estabilizada y no hay motivos de alarma. Soy atendido por un buen equipo de médicos y estoy rodeado de un cariño que nunca imaginé capaz de generar. Cada día recibo pruebas de que se me tiene en cuenta como amigo y persona querida. Uno no se puede quejar cuando tiene tanto a su alrededor. Lo único que sí puedo decir es que a mi edad todavía la vida me sorprende, y como dice Aragon, ‘le temps d’apprendre à vivre… il est trop tard’. En cierto sentido me siento desconcertado porque la experiencia de mi vida no contemplaba una situación como la actual. En otro sentido aprender a vivir o aprender de la vida constituye un desafío que todavía me apasiona y, por tanto, me mantiene vivo y lúcido. No todo es desespero en mi situación. Si buscas… encuentras cosas interesantes. Mucha gente busca refugio en la religión para resolver los problemas de la vida. La religión contiene en su seno muchos elementos que enseñan a vivir en situaciones difíciles. Pero debes creer en ella, y uno no siempre encuentra directrices adecuadas, pues a la promesa de la vida eterna y de la resurrección se añaden el infierno y las penas eternas. No estoy muy seguro de que exista mucha gente que crea de verdad en la resurrección. De cualquier modo, no es mi caso. En cambio, creo que existe mucha gente atormentada por las sanciones, las llamas y los infiernos. Pascal lo dijo bien claramente en sus Pensamientos: ‘Il n’y a de bien en cette vie qu’en l’espérance d’une autre vie’. La religión es excelente porque ofrece consuelo y respuesta. El problema es… creer. Y, como sabes, la creencia no es un acto de voluntad. O crees o no. Bernard Williams ha dicho cosas muy interesantes sobre la creencia. Dejo ahí la religión. ¿Dónde buscar refugio? ¿Quién sabe cómo se debe vivir? Montaigne afirmaba -con razón- que no sabemos vivir, que al final de nuestra vida poco hemos aprendido de ella y que la tarea más importante es aprender a vivir. Nosotros hemos vivido en la filosofía del siglo XX. Nuestra preocupación ha sido el análisis del lenguaje, la conceptualización, la crítica de la ciencia, el análisis de fundamentos. Todo esto está muy bien, pero… la filosofía ha dejado de orientarnos en la vida, ha dejado de ser un discurso racional sobre cómo debemos vivir, como sugerían los clásicos. Pienso, por ejemplo, en Epicuro, Spinoza, Sócrates, Platón, Montaigne, Pascal. Debido a mi situación, me he empezado a preocupar por temas que no están en la agenda de problemas del siglo XX. ¿Qué debo hacer o qué puedo hacer contra el dolor, el desconsuelo, la desgracia? ¿Tenemos alguna fórmula que nos permita sobrellevar estas situaciones? ¿Cómo podemos buscar una salida a través de nuestras capacidades intelectuales? Los filósofos del siglo XX han creído que éstos eran problemas metafísicos o que eran seudoproblemas. No es cierto. El Meister Erckhardt, por ejemplo, te enseña una senda muy humana para reponerte de tus fragilidades, te dice por ejemplo que mires a tu alrededor y siempre encontrarás ejemplos peores que el tuyo, te dice que no mires lo que pierdes sino lo que todavía puedes hacer, te recomienda conservar el deseo de superar tus límites. Te dice: mira el inmediato presente y no el largo plazo. Epicuro, Epícteto y Marco Aurelio, ¿no sugerían que la filosofía es la sabiduría de saber vivir? Epicuro definía la tarea filosófica como una actividad que por medio de discursos y razonamientos nos enseña la vida feliz. La filosofía como refugio ha perdido su razón de ser en el siglo XX, pero la única sabiduría humana no religiosa que poseemos sobre estos temas es la filosofía. No la actual, sino la de los clásicos. Ahora si sufrimos nos tomamos una droga, perdemos la identidad o hacemos lo que sea para ocultar nuestra situación, que calificamos de desesperada. En el pensamiento clásico existía una mayor confianza en el hombre y en la capacidad de la razón para afrontar las situaciones difíciles de la vida. Esa sabiduría -sagesse, dirían los franceses- fortalece nuestros espíritus, nos ayuda a aceptar nuestro destino y, además, a continuar buscando respuestas a las cuestiones que no sabemos responder. ¿No tiene eso una grandeza superior a las nimiedades de nuestras filosofías prácticas? Acaso será cierto que la filosofía con mayúsculas es la que nos enseña a vivir, mientras que la filosofía con minúsculas es la que practicamos en las facultades? Esta sabiduría está en contradicción con una de las virtudes que todo el mundo me recomienda. La esperanza. Y está en contradicción porque la esperanza, en su sentido genuino, implica ignorancia y también implica que la voluntad del sujeto no puede hacer nada para transformar el mundo, sino simplemente aguardar a que se produzca el efecto beneficioso. Puedo esperar un cambio en mi salud, pero carece de sentido esperar que esta tarde se ponga el sol. Si tuviéramos información completa, la esperanza no tendría lugar. No sé si la esperanza es una virtud, pero en todo caso sería una virtud antifilosófica puesto que el filósofo está con la sabiduría, con la fortaleza del carácter, con la serenidad para asumir la propia historia y el destino. Como decía Spinoza, en su ética sólo hay esperanza si existe temor. La sabiduría vence al temor y destierra la esperanza. Es cierto que la pasión de la esperanza es atractiva, pero comporta el estado del temor, y la sabiduría exige ser menos dependiente de la esperanza. No pretendo señalar que la filosofía contemporánea esté equivocada. Simplemente quiero decir que en el arsenal filosófico de la tradición que tantas veces hemos criticado encontramos elementos que nos permiten pensar mejor. Estoy convencido de que la gran riqueza de la filosofía es su pluralismo. Tenemos muchas herramientas que no sirven para todas las situaciones, pero siempre encuentras alguna que te ayuda a pensar y a progresar. Ésta es una de las grandes riquezas de la filosofía. Tenemos la suerte de que nuestra sociedad nos ha legado este arsenal siempre explotable. La tarea de vivir es muy complicada, es difícil vivir, muy difícil, porque creemos que dominamos el mundo cuando en realidad, como señaló muy bien Landsberg, nos parecemos al toro que sale enfurecido a la plaza y cree que dominará el ruedo. La realidad es muy otra, todos sabemos, menos el toro, que acabará entregando su vida. Él actúa como si la muerte no fuera con él, como si la lucha fuera igual, confía en sus fuerzas… es así como los hombres vivimos confundidos hasta que un día se presenta la fragilidad, la conciencia de la finitud, y buscamos en la sabiduría humana aquel refugio que no nos puede dar la filosofía contemporánea. No quisiera que me leyeras en clave pesimista ni en clave triste. Redescubrir estos aspectos constituye una gran ampliación de mis horizontes vitales porque aprendes… aprendes mucho y enfocas la vida desde una nueva perspectiva. Ya sé que estas confidencias filosóficas no deben dirigirse a un filósofo analítico… pero quizá no es desafortunado dirigirlas a un amigo filósofo. Un abrazo.